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Fecha publicación: 19-03-2012
Autor: David A. Pérez Martínez

El foramen oval es una estructura fisiológica de importancia en la etapa fetal ya que permite la comunicación entre aurícula derecha primitiva y la aurícula izquierda obteniendo la oxigenación de la sangre en esta  etapa intrauterina. Una vez nacido, el neonato no precisa de dicha comunicación y

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tiende a cerrarse espontáneamente. No obstante, diversos estudios aportan datos de que hasta una cuarta parte de la población puede tener en algún grado una persistencia del foramen, denominándose  entonces foramen ovale permeable (FOP).

   ¿Qué importancia tiene en la fisiopatología del ictus? En teoría, el FOP podría ser la puerta de entrada a la circulación izquierda de los trombos formados en el sistema venoso del sistema circulatorio derecho y por tanto producir un infarto en el territorio arterial. Previamente hemos hablado en esta página de la importancia de encontrar un FOP entre la población joven con ictus de origen desconocido y de los métodos diagnósticos más apropiados para su detección. Aunque también se han expuesto la falta de evidencia sobre cual es el tratamiento más adecuado en este grupo de pacientes. No tenemos claro si la terapia farmacológica con antiagregantes o anticoagulantes es mejor que terapias más agresivas que incluyen el cierre quirúrgico del FOP. En esta última opción se han subrayado los avances tecnológicos de las técnicas percutáneas que han permitido disminuir (que no desaparecer) la posibilidad de complicaciones severas. La clave, hasta ahora, estaba en la ausencia de un ensayo clínico aleatorizado que mostraran evidencias de la superioridad de uno u otro tratamiento.

Esta semana se ha publicado en NEJM los resultados del ensayo CLOSURE que evaluaba el cierre del FOP mediante un procedimiento percutáneo frente a terapia médica en un grupo de más de 900 pacientes jóvenes (edades entre 18 y 60 años) con un ictus o accidente isquémico transitorio de causa desconocida salvo por el hallazgo del FOP. Los resultados no han mostrado diferencias entre ambas ramas terapéuticas con una tasa de ictus en los dos años de seguimiento de 2,9 % en la rama quirúrgica frente al 3,1 % de la rama médica (p=0,79). No obstante, el procedimiento percutáneo fue seguro sin complicaciones relevantes.

En conclusión, el cierre percutáneo del FOP en pacientes con ictus de causa desconocida no puede ser recomendado de entrada. A pesar de los hallazgos, hay espacio para valorar su empleo en ciertos subgrupos. Especialmente en aquellos casos en los que exista un causa protrombótica (en territorio venoso) y en los que exista asociado al FOP un aneurisma del septo auricular. No obstante, son preguntas que necesitan de la respuesta de un ensayo aleatorizado específico. La seguridad del procedimiento debería ser un aliciente para responderlas en el futuro.